Antes de comenzar…
¿Cuándo fue la última vez que alguien te regaló música?
No un enlace. No una playlist. No una canción enviada por mensaje a las dos de la mañana. Un disco.
Algo que pudiera sostenerse entre las manos.
Hubo un tiempo en el que regalar música era una de las formas más íntimas de decirle a alguien que lo conocías.
No hacía falta escribir una carta.
Bastaba con entregar un álbum y decir: «Escúchalo completo.»
Porque regalar un disco nunca fue sólo regalar canciones. Era regalar tiempo.
Tiempo para escucharlo de principio a fin.
Era regalar una portada que alguien iba a observar una y otra vez. Un libreto lleno de letras, fotografías y agradecimientos. Era confiar en que esa persona encontraría algo de sí misma entre cada pista.
Elegir un disco para alguien era un ejercicio de atención.
Había que conocer sus gustos, imaginar cómo reaccionaría a cierta canción, pensar si ese artista llegaría en el momento correcto de su vida.
No existía un algoritmo que hiciera ese trabajo por nosotros. Lo hacía el cariño.
Hoy compartimos música todos los días.
Mandamos enlaces por WhatsApp, reels con canciones de fondo, playlists colaborativas o publicaciones con el clásico «escucha esto».
Y no tiene nada de malo.
Nunca había sido tan fácil compartir una canción.
Pero quizá nunca había sido tan fácil olvidarla.
Un disco permanece.
Se queda en un librero, en una repisa o dentro de una caja que alguien abrirá años después.
Y cuando vuelva a encontrarlo, no sólo recordará las canciones.
Recordará quién se lo regaló.
Porque los discos tienen algo que los enlaces todavía no consiguen.
Envejecen con nosotros.
Sus esquinas se desgastan, las cajas se rayan, los libretos se doblan y, sin querer, terminan guardando el paso del tiempo. Como nosotros.
Tal vez por eso sigo creyendo que la música también puede envolverse para regalo. Porque cuando alguien te regala un disco no sólo te está diciendo «escucha esto».
En realidad te está diciendo:
«Quiero que una parte de mi historia también forme parte de la tuya.»
Y pocas cosas son tan bonitas como compartir una canción… antes de que un algoritmo decida hacerlo por nosotros.
Lo que el tiempo borra, la música atesora.
Nos vemos en el Lado B.

La última vez que alguien me regaló música… no fue un link. «El Lado B»
Antes de comenzar…¿Cuándo fue la última vez que alguien te regaló música?No un enlace. No







