En medio de la devastación provocada por el terremoto de magnitud 7.4 que sacudió Colombia el pasado 10 de agosto, una imagen se ha repetido entre los escombros: un rescatista levanta el puño y, de inmediato, las voces se apagan. La maquinaria se detiene, las personas dejan de hablar y durante unos segundos todos guardan silencio. No es una pausa cualquiera. Es el momento en que los equipos de emergencia intentan escuchar una señal que podría significar que alguien sigue con vida. Cuando una persona queda atrapada bajo una estructura colapsada, cualquier sonido puede convertirse en una pista. Un grito, un golpe contra una superficie, un movimiento o incluso un ruido casi imperceptible puede ayudar a los especialistas a determinar dónde comenzar una búsqueda. Por eso, reducir el ruido alrededor de los escombros permite que los rescatistas concentren su atención y utilicen equipos especializados para detectar posibles señales de vida.