Hay atletas que dominan una época, y otros que parecen atravesarlas. LeBron James pertenece a esta última estirpe: la de los cuerpos que envejecen, sí, pero que no se resignan. A sus más de cuatro décadas, cuando la historia suele dictar el retiro, él insiste en escribir capítulos nuevos, como si el tiempo fuera apenas un adversario más al que puede superar. Su más reciente hazaña no es un destello aislado, sino una confirmación. Con su aparición número 1,612 en temporada regular, LeBron se convirtió en el jugador con más partidos disputados en la historia de la NBA, dejando atrás una marca que durante décadas pareció inalcanzable. Ese número, frío en apariencia, encierra en realidad una biografía completa: años de disciplina, viajes, lesiones esquivadas y una constancia que roza lo improbable. El récord que alguna vez perteneció a Robert Parish era más que una cifra; era un símbolo de longevidad