El silencio ya no será opción en las escuelas potosinas

Durante años, miles de casos de violencia, abuso y maltrato contra niñas, niños y adolescentes quedaron atrapados entre el miedo, la desinformación o la falta de acción de los adultos que los rodeaban. Muchas veces, las señales estuvieron ahí, pero no existían mecanismos claros para actuar de inmediato. Con el objetivo de cambiar esa realidad, el Congreso del Estado aprobó una reforma que obligará a todo el personal educativo de San Luis Potosí a denunciar de manera inmediata cualquier hecho de violencia detectado dentro o fuera de las escuelas.
La modificación a la Ley de Educación del Estado establece que docentes, directivos y personal administrativo deberán reportar casos de violencia escolar, familiar o comunitaria que afecten a cualquier integrante de la comunidad educativa. La medida surge de una iniciativa impulsada por el diputado Luis Fernando Gámez Macías junto con Irlanda Susana del Río Contreras, representante de la Fundación Internacional Granito de Arena A.C., organización que ha trabajado en la prevención y atención del abuso infantil.
La reforma tiene como antecedente una realidad que durante años ha preocupado a organismos defensores de la infancia: muchos casos de violencia contra menores no se denuncian oportunamente. Especialistas en derechos humanos han señalado que las escuelas suelen ser uno de los primeros lugares donde se detectan cambios de comportamiento, señales físicas o afectaciones emocionales asociadas con situaciones de violencia, por lo que el personal educativo juega un papel clave en la protección de niñas, niños y adolescentes.
Uno de los aspectos más relevantes es que la omisión también tendrá consecuencias. La nueva legislación establece que quienes incumplan con la obligación de denunciar podrán ser sancionados conforme a la legislación penal y administrativa aplicable. Además, se crearán protocolos conjuntos entre la Secretaría de Educación, la Fiscalía General del Estado, el DIF Estatal, la Procuraduría de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes y la Comisión Estatal de Derechos Humanos para garantizar una atención rápida y coordinada.
Las autoridades también deberán capacitar periódicamente al personal educativo para que conozca sus obligaciones legales y sepa cómo actuar ante posibles casos de violencia. La intención es evitar que las denuncias dependan de criterios personales o interpretaciones ambiguas, brindando certeza tanto a las víctimas como a quienes tienen la responsabilidad de intervenir.
Para organizaciones dedicadas a la defensa de la infancia, esta reforma representa un paso importante en el reconocimiento de los derechos de niñas, niños y adolescentes. Más allá de un cambio legal, busca romper una cultura de silencio que históricamente permitió que muchas víctimas permanecieran sin protección. Con esta medida, San Luis Potosí apuesta por convertir a las escuelas en espacios donde la detección temprana y la denuncia puedan marcar la diferencia entre el riesgo y la protección.

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