Cuando los muertos regresan a la vida, no solo recordamos quienes se fueron, sino que bailamos con ellos.
El próximo domingo 1ro de noviembre, a las 17:00 horas, la explanada del Museo Nacional de la Máscara será el punto de partida de la Primera Calavereada, una callejoneada de catrinas y catrines que busca convertir el Centro Histórico de San Luis Potosí en un encuentro entre memoria, música y tradición. La propuesta nace en el marco del Día de Muertos y plantea una celebración donde quienes ya no están vuelvan, por un momento, a caminar junto a nosotros.
Durante la presentación, se explicó que la idea recupera el espíritu de las estudiantinas y los tunos, particularmente aquellas callejoneadas donde los antifaces y las máscaras formaban parte del recorrido. Ahora, esa tradición se encuentra con la estética de las catrinas y con una festividad profundamente arraigada en la cultura mexicana. Habrá además un concurso para reconocer las mejores caracterizaciones y un taller relacionado con la celebración.
Pero la intención va más allá de reunir a personas disfrazadas. Héctor Ildefonso Rodríguez Palomares señaló que buscan que la actividad sea un evento popular y abierto, donde puedan participar niños, jóvenes y adultos, pero también quienes simplemente quieran observar el paso del contingente desde las calles. La invitación, en ese sentido, no exige necesariamente caminar: también se puede formar parte de la celebración mirando, escuchando y acompañando.
El recorrido atravesará algunos de los espacios que forman parte de la memoria urbana potosina. Desde la explanada del Museo Nacional de la Máscara avanzará por Escobedo, pasará junto a Plaza de Armas, continuará por Allende y Álvaro Obregón, frente a la iglesia de la Compañía, seguirá hacia San Francisco y concluirá en la explanada de Aranzazú. La música estará a cargo de agrupaciones como la Estudiantina San Luis Rey, la Tuna Nacional Potosina, la Estudiantina Andaluza del Tec de San Luis Potosí y la Estudiantina Tuna Tunera, además de otros grupos que se han sumado.
Fivel Adrián Rangel explicó que caminar por estas plazas también significa reconocer a quienes han recorrido antes estas mismas calles. La calavereada pretende recordar a los ausentes mientras celebra el camino de quienes permanecen, construyendo una memoria colectiva a través de la música y el encuentro. Desde la Casa Taller de la Danza y el Ballet también extendieron la invitación al sector dancístico para integrarse a esta primera edición, en un recorrido que busca reunir distintas expresiones alrededor de una misma tradición.
Al final, quizá ahí está el sentido más sencillo de la propuesta: recordar que una tradición no permanece viva porque la guardemos intacta, sino porque seguimos encontrando maneras de compartirla. La Primera Calavereada quiere que las calles sean nuevamente un punto de encuentro entre generaciones y que las personas puedan traer consigo a quienes ya no caminan a su lado.








