A raíz de los esfuerzos desplegados en la FENAPO 2026, la implementación de herramientas de accesibilidad en recintos de gran afluencia visibiliza la necesidad de garantizar el libre tránsito y exige un compromiso compartido entre instituciones y ciudadanía.
La accesibilidad en los eventos y recintos públicos de gran escala ha dejado de ser un complemento secundario para consolidarse como un derecho humano indispensable que asegura la autonomía, dignidad y seguridad de cada asistente. Un claro ejemplo de este compromiso se observa en el marco de la FENAPO 2026, la máxima fiesta de las y los potosinos, donde la implementación y promoción de la línea podotáctil busca convertir a la feria en un punto de encuentro verdaderamente accesible para todas las familias. No obstante, más allá de este evento en particular, el reto de eliminar las barreras físicas en espacios masivos representa una tarea permanente para la vida pública.
Para quienes viven con discapacidad visual o baja visión, recorrer recintos con alta densidad de personas suele implicar un trayecto complejo y lleno de obstáculos imprevistos. Las herramientas de navegación táctil —superficies con textura adaptada que se perciben mediante el bastón blanco o el calzado— permiten identificar cambios de dirección, intersecciones y áreas de riesgo. Gracias a ellas, las personas con discapacidad visual pueden desplazarse con plena confianza sin depender constantemente del auxilio de terceros, haciendo posible que disfruten de la oferta cultural, comercial y de entretenimiento en igualdad de condiciones.
Garantizar la efectividad de estos circuitos inclusivos requiere una estrecha coordinación entre los patronatos u organizadores de grandes eventos, las dependencias gubernamentales de obras públicas, los sistemas de desarrollo social y las organizaciones civiles especializadas en accesibilidad. No obstante, toda la infraestructura técnica pierde su sentido si la propia ciudadanía no colabora activamente en su resguardo. Respetar la línea podotáctil implica pequeñas acciones cotidianas con un enorme impacto: evitar colocar mercancía, sillas, carriolas, mochilas o estands sobre el trazado, así como no permanecer detenido sobre el camino, garantizando que el trayecto se mantenga siempre libre y continuo.
En países con un marcado avance en diseño universal, como Japón, Alemania o España, la señalización podotáctil forma parte integral de la vida urbana diaria, conectando de manera ininterrumpida sistemas de transporte, parques, aeropuertos y centros culturales. En esos entornos existe una arraigada cultura del respeto donde obstruir una vía táctil es considerado una falta grave contra la convivencia social. Adoptar esa misma responsabilidad en nuestros recintos masivos y festividades no solo fortalece las acciones emprendidas en foros como la FENAPO 2026, sino que nos encamina hacia una sociedad más empática, justa y verdaderamente incluyente.







