El físico belga Francis Halzen fue reconocido con el Premio Nobel de Física 2026 por sus contribuciones decisivas al Observatorio de Neutrinos IceCube y por el descubrimiento de neutrinos de alta energía de origen astrofísico, un avance que abrió una nueva ventana para estudiar el universo.
Los neutrinos son partículas subatómicas extremadamente difíciles de detectar. No tienen carga eléctrica y prácticamente no interactúan con la materia, por lo que pueden atravesar la Tierra e incluso nuestros cuerpos sin que podamos percibirlos. Precisamente por esta característica, pueden viajar enormes distancias desde regiones lejanas del cosmos llevando información sobre los fenómenos que los produjeron.
La historia detrás del Nobel comenzó en 1988, cuando Halzen propuso utilizar el hielo del Polo Sur como un gigantesco detector de estas partículas. La idea consistía en aprovechar la transparencia y estabilidad del hielo antártico para instalar miles de sensores capaces de registrar los pequeños destellos de luz producidos cuando un neutrino interactúa con la materia.
El resultado fue IceCube, un observatorio construido dentro de aproximadamente un kilómetro cúbico de hielo en la Antártida y equipado con más de 5 mil sensores de luz. La instalación quedó completada en 2011 y permitió detectar neutrinos de energías extraordinariamente elevadas provenientes de fuera de nuestro sistema solar.
En 2013 llegó uno de los principales resultados del proyecto, cuando los científicos presentaron evidencia de neutrinos cósmicos de alta energía. A diferencia de la luz, estas partículas pueden atravesar el espacio sin desviarse por campos magnéticos, por lo que su trayectoria permite buscar directamente las regiones del universo donde fueron producidas.
Este descubrimiento abrió una nueva rama conocida como astronomía de neutrinos, con la posibilidad de estudiar fenómenos extremadamente energéticos, como explosiones estelares, galaxias activas y procesos relacionados con agujeros negros. El trabajo de Halzen y del equipo internacional detrás de IceCube convirtió al hielo antártico en una herramienta para investigar algunos de los lugares más extremos del universo.
Halzen, de 82 años y profesor de la Universidad de Wisconsin-Madison, recibió el reconocimiento de manera individual. Actualmente también se trabaja en una nueva generación del observatorio, IceCube-Gen2, que ampliará considerablemente el volumen de detección y permitirá estudiar todavía más neutrinos provenientes del cosmos.








