Un hallazgo arqueológico en Chiapas permitió documentar 179 piezas prehispánicas dentro de una cueva utilizada con fines ceremoniales por antiguos grupos de la cultura zoque. El sitio, denominado Cueva Mundo Zoque, se encuentra en el municipio de Cintalapa, en las inmediaciones del Arco del Tiempo, en el cañón del río La Venta. El Instituto Nacional de Antropología e Historia considera que se trata de uno de los descubrimientos más relevantes de las últimas décadas en la región.
Las piezas fueron encontradas distribuidas en 13 depósitos rituales y corresponden preliminarmente al periodo Clásico Tardío regional, entre los años 600 y 900 d.C. Entre los objetos localizados hay incensarios, urnas-efigie, cajetes y sahumadores, muchos de ellos decorados con representaciones de jaguares, tecolotes y serpientes.
La cueva tiene alrededor de 100 metros de longitud y su acceso es complicado, pues requiere un descenso en rápel de más de 10 metros. Precisamente esta dificultad habría contribuido a que el espacio permaneciera prácticamente intacto durante siglos y evitara el saqueo de las piezas. El sitio fue localizado por un guía local, quien notificó el hallazgo al Centro INAH Chiapas en enero de 2026.
El lugar también ofrece información sobre la cosmovisión zoque. Para esta cultura, el jaguar estaba relacionado con la oscuridad y era considerado guardián del inframundo y del corazón del monte; el tecolote se vinculaba con la noche y la sabiduría, mientras que la serpiente representaba la fuerza y el ciclo de la vida y la muerte.
Los investigadores consideran que la cueva no funcionaba como vivienda, sino como un espacio ceremonial. La disposición de las ofrendas apunta a que pudo ser utilizada para realizar rituales relacionados con la lluvia y la fertilidad agrícola. Entre las piezas destaca un sahumador con una representación del quincunce, símbolo asociado con los rumbos del universo en la tradición mesoamericana.
El INAH continuará con los estudios del sitio mediante técnicas como la fotogrametría tridimensional y análisis especializados de las piezas, con el objetivo de conocer más sobre las prácticas rituales de los antiguos zoques. El descubrimiento no solo suma nuevos objetos al patrimonio arqueológico de México, sino que abre una ventana para comprender cómo esta cultura concebía la naturaleza, las cuevas y su relación con el mundo espiritual.








