Con el estreno de Spiderman: Brand New Day y The Odyssey los cines están saturados de funciones para dar abasto. Se ha hablado de la desaparición de la radio, de formatos físicos e incluso de las salas de cine, pero la gente sigue sintiendo comodidad al escuchar algo aleatorio, como si la radio fuera una sorpresa auditiva a pesar de carecer de calidad audiofila, además la gente prefiere por mucho el contacto con el contenido físico cómo libros o vinilos, pero ¿qué pasa con el espacio físico que ofrece el cine?
Quizá el cine no sólo tiene que ver con su contenido, sino con ese espacio que nos aísla de la realidad. Y sí, puede haber alguien viendo el celular, alguien gritando, algún bebe en la sala, parejas discutiendo o dándose cariño, o también la emoción de los niños y las risas que comparten. Según la hermenéutica, sumar emociones a las experiencias les da un verdadero valor a lo que aprendemos y recordamos. Quién no tiene un amigo que se molestó porque estaban hablando en la sala u otro que la disfrutó más porque los de al lado lo hicieron más gracioso.
Dirigirse a un cine ofrece también una perspectiva distinta a la que existiría si pudiéramos estar en casa en nuestros muebles y pudiendo sacar el celular, es un lugar que usamos para compartir. Y si bien puede haber distracciones, estos lugares permiten una intimidad que no sucede en casa. No por nada existe esta sensación de querer describir lo que vimos apenas acabamos la función, da para disfrutar más el día.
Nuestra realidad tuvo un cambio tras la emergencia sanitaria a causa del Covid-19, la cual inició el 13 de mayo de 2020 y culminó el 09 de mayo de 2023. Tres años en que la información desencadenó desabasto de papel higiénico, revueltas, saqueos, pero, sobre todo, la falta de contacto entre las personas ocasionó tantos cambios que se definió este nuevo modo de vida como «la nueva normalidad».
Tras la pandemia, la realidad cotidiana se acomodó para que las personas pudieran seguir trabajando a pesar de no poder acudir a los espacios de trabajo cómo era habitual. El motivo del home office era principalmente cuidar la salud de las personas, sin embargo, también existieron ventajas para el medio ambiente y la economía de los trabajadores dado el bajo consumo de gasolina.
Sin embargo, el aislamiento pronto mostró rezagos en la salud mental de la población en general; tanto estudiantes como trabajadores demostraron sus molestias en redes sociales, quedando evidenciado cómo es que el aislamiento extremo perjudicó la vida de las personas.
Durante el año pasado una de las tendencias más populares en redes sociales fue la de crear con la inteligencia artificial de Gemini una imagen con los usuarios abrazando a personas famosas pero lo que sucedió después cambió completamente la tendencia, ya que de un momento a otro las personas ya no publicaron fotos con famosos, sino con familiares o seres queridos que habían fallecido o que estaban lejos… primero fue el delirio, la fantasía y luego fue la representación gráfica de conexión anhelada por la sociedad.
Todo en exceso perjudica nuestras vidas; si permanecemos en un espacio compartido de trabajo durante horas de más el hastío permea en nuestro estado anímico, pero, por otro lado, el silencio y el nulo contacto dificultan la resolución de dudas o conflictos.
No cabe duda de que la suma de perspectivas ante un mismo suceso aumenta su significado, ya sean los comentarios en los reels o lo que dicen los asistentes de una función, en el momento en que escuchamos lo que dice una persona o vemos lo que piensa otra ya no es sólo nuestro mundo, sino que entramos en el de los demás brevemente a través de sus perspectivas.
En muchas ocasiones hay estímulos auditivos o visuales que pueden dejar absortas a las personas y escuchar las opiniones ajenas ayuda a encontrar la propia; una voz no apaga a otra, la amplifica o se replica. Lo mismo sucede en un espacio de trabajo, estar con otras personas ayuda bastante ya que la inspiración llega de la nada sin embargo el exceso de la comunicación provoca lo contrario, es fácil desconcentrarse si hay varios estímulos.
En fin, ir al cine tiene una finalidad más sencilla de lo que creemos y hay que permitírsela tanto como podamos, podría decir que nos hace divertirnos o pasar el tiempo, pero hay que darle la oportunidad también de hacernos sentir vivos, de darle una pausa y una nueva escritura a la vida







