Mientras México da un paso histórico con la aprobación de la Ley General de Economía Circular, San Luis Potosí busca convertirse en una de las primeras entidades en armonizar su legislación y apostar por un modelo que podría transformar la forma en que el país produce, consume y aprovecha sus recursos.
Durante décadas, la economía mundial se construyó bajo un principio simple: extraer, fabricar, consumir y desechar. Ese modelo permitió el crecimiento industrial, pero también provocó que cada año se generen miles de millones de toneladas de residuos y que enormes cantidades de materias primas terminen convertidas en basura después de un solo uso. Frente a ese escenario surgió la economía circular, un modelo que propone mantener los materiales en circulación el mayor tiempo posible mediante la reutilización, la reparación, el reciclaje y el rediseño de productos.
En México, este concepto acaba de dar uno de sus pasos más importantes con la aprobación de la Ley General de Economía Circular, una legislación que establece las bases para reducir residuos, aprovechar mejor los recursos naturales y promover procesos de producción más sostenibles. Ahora, el reto corresponde a los estados, que deberán armonizar sus propias leyes para hacer realidad este nuevo modelo de desarrollo.
San Luis Potosí busca colocarse entre las entidades pioneras en ese proceso. El Congreso del Estado trabaja en la homologación de la legislación local con el objetivo de impulsar políticas públicas que incentiven el reciclaje, la recuperación de materiales, el ecodiseño, la innovación tecnológica y una gestión más eficiente de los residuos tanto urbanos como industriales.
La apuesta no es menor. San Luis Potosí es uno de los principales polos industriales del país, con una fuerte presencia de los sectores automotriz, manufacturero y logístico. En un estado donde miles de empresas forman parte de cadenas globales de producción, la economía circular representa una oportunidad para reducir costos, aprovechar mejor las materias primas, disminuir el impacto ambiental y fortalecer la competitividad frente a mercados internacionales que cada vez exigen procesos más sostenibles.
La importancia de este modelo también radica en su impacto económico. De acuerdo con organismos internacionales, la transición hacia una economía circular puede generar millones de empleos relacionados con el reciclaje, la reparación, la remanufactura y el desarrollo de nuevas tecnologías, además de disminuir la dependencia de recursos naturales cuya disponibilidad es cada vez más limitada.
Más que una política ambiental, la economía circular representa un cambio profundo en la manera de entender el crecimiento económico. Su objetivo no es producir menos, sino producir mejor, alargando la vida útil de los productos y reduciendo al mínimo los desperdicios. En un contexto de cambio climático, escasez de recursos y aumento en la generación de residuos, este modelo es considerado una de las principales estrategias para construir economías más resilientes y sostenibles.
Si San Luis Potosí concreta la armonización de su legislación, no solo se colocaría entre los primeros estados en adoptar este nuevo paradigma, sino que también podría convertirse en un referente nacional para demostrar que el desarrollo industrial y el cuidado del medio ambiente pueden avanzar de la mano, marcando el inicio de una nueva etapa para la economía del estado y del país.

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