Una nueva lagartija mexicana sale del anonimato científico

En los pliegues cálidos del occidente del país, donde la tierra se agrieta con el sol y la vegetación aprende a resistir, una lagartija llevaba siglos viviendo sin nombre propio. No era invisible, pero sí confundida. Hoy, gracias al trabajo de investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México, esa criatura deja de ser una nota al pie de la naturaleza y se convierte en una nueva especie reconocida, endémica y profundamente mexicana.

El hallazgo corresponde a una lagartija caimán que durante años fue considerada parte de otra especie ya conocida. Sin embargo, el rigor científico —ese ejercicio paciente de observar, comparar y dudar— permitió demostrar que se trataba de una entidad distinta. Estudios genéticos y análisis morfológicos revelaron diferencias suficientes para reescribir su lugar en el árbol de la vida, confirmando que la biodiversidad aún guarda secretos incluso en territorios explorados.

Esta nueva especie habita bosques tropicales caducifolios de varios estados del occidente mexicano, regiones donde el paisaje cambia drásticamente con las estaciones. De cuerpo robusto y cola larga, puede alcanzar un tamaño considerable y presenta variaciones de color que la hacen tan adaptable como discreta. No es venenosa ni agresiva, aunque suele ser víctima del miedo humano, confundida con serpientes o atacada por simple desconocimiento.

Más allá del descubrimiento zoológico, el hallazgo tiene un peso simbólico. Cada especie descrita es una victoria contra el olvido y una herramienta para la conservación. Nombrar es reconocer, y reconocer implica proteger. Los científicos advierten que muchas especies desaparecen antes siquiera de ser identificadas, lo que convierte este tipo de descubrimientos en actos urgentes de memoria biológica.

Así, esta lagartija caimán no solo amplía el catálogo científico de México, sino que recuerda que la naturaleza aún escribe historias paralelas a las nuestras. Historias silenciosas, antiguas, que esperan ser escuchadas. En tiempos de crisis ambiental, descubrir no es solo saber más: es aprender a cuidar mejor lo que siempre estuvo ahí.

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