Cada año, cuando marzo se aproxima a su ocaso, el país entero parece ajustar su respiración al compás de un calendario que no solo organiza clases, sino también tradiciones. La Secretaría de Educación Pública confirmó que el periodo vacacional de Semana Santa para el ciclo escolar 2025-2026 se desarrollará del 30 de marzo al 10 de abril, beneficiando a más de veintitrés millones de estudiantes de educación básica en México. No es una pausa menor: es un paréntesis que interrumpe la rutina y reordena el tiempo familiar.
El receso abarcará dos semanas completas, aunque en la práctica el descanso se extenderá un poco más. El viernes previo al inicio oficial estará destinado a la sesión ordinaria del Consejo Técnico Escolar, de modo que el último día efectivo de clases será el jueves anterior. Así, sin hacer ruido, el calendario concede a niñas, niños y adolescentes un respiro que suma diecisiete días consecutivos lejos de las aulas. Un intervalo generoso en un ciclo que suele transcurrir con disciplina casi litúrgica.
El regreso a clases está previsto para el lunes posterior a la conclusión del receso. Ese retorno, que siempre tiene algo de despertar colectivo, marca también la recta final del ciclo escolar. En las mochilas volverán los cuadernos, pero también la memoria de días compartidos en familia, viajes breves o simplemente tardes largas que saben a sol y sobremesa.
Sin embargo, lo más fascinante de estas fechas no radica únicamente en su dimensión administrativa, sino en su raíz histórica. A diferencia de otras celebraciones fijas, la Semana Santa es móvil. Su cálculo responde a una antigua regla que enlaza fe y astronomía, tradición y observación celeste. La fecha se determina a partir de la primera luna llena posterior al equinoccio de primavera, un criterio que une calendarios solares y lunares en una delicada coreografía temporal.
Esa relación con la luna no es caprichosa. En la antigüedad, mientras el calendario romano organizaba la vida agrícola con base en el sol, las festividades judías y, más tarde, las cristianas, se regían por ciclos lunares. Los relatos evangélicos sitúan la muerte de Jesús en proximidad a la Pascua judía, celebración que conmemora la salida del pueblo de Israel de Egipto. De allí que la Semana Santa conserve hasta hoy ese carácter móvil, heredero de una memoria religiosa que mira al cielo para ordenar la tierra.
Así, el anuncio de la SEP no es solo una información práctica para millones de hogares; es también un recordatorio de que incluso los calendarios escolares dialogan con siglos de historia. Entre la logística contemporánea y el eco de antiguas tradiciones, el descanso de primavera se convierte en un punto de encuentro entre lo cotidiano y lo eterno. Y acaso, en esa pausa, el tiempo vuelva a sentirse humano.








