Saskia Niño de Rivera lleva su voz a la Universidad

Hay libros que no buscan comodidad, sino conversación. Esta soy, la más reciente obra de Saskia Niño de Rivera, pertenece a esa categoría: textos que interpelan, incomodan y obligan a mirar de frente realidades que suelen permanecer al margen. Su presentación en San Luis Potosí se inscribe en ese gesto de abrir espacios para el diálogo crítico y la reflexión pública.

La autora presentará su libro en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, un escenario simbólico para una obra que cruza temas de justicia, sistema penitenciario y responsabilidad social. La elección del espacio universitario no es casual: se trata de un punto de encuentro donde las ideas se debaten y las preguntas se formulan sin concesiones.

En Esta soy, Niño de Rivera articula una mirada personal y profesional construida a partir de años de trabajo en el ámbito de la reinserción social. El libro recorre experiencias, cuestionamientos y aprendizajes surgidos del contacto directo con personas privadas de la libertad, proponiendo una reflexión que va más allá del castigo para pensar en las causas estructurales de la violencia.

La presentación en la UASLP abre la posibilidad de un diálogo directo con estudiantes, docentes y público en general interesados en los temas de derechos humanos, justicia y políticas públicas. Más que un acto literario, el encuentro se plantea como un ejercicio de escucha y análisis colectivo, donde el libro funciona como punto de partida y no como conclusión.

La visita de Saskia Niño de Rivera a San Luis Potosí se suma a una serie de encuentros que buscan llevar estas discusiones fuera de los espacios tradicionales. En tiempos de opiniones rápidas y juicios inmediatos, la apuesta por la conversación pausada y documentada adquiere un valor particular dentro del ámbito académico.

Así, la Facultad de Derecho se convierte por una tarde en un foro donde la palabra escrita dialoga con la experiencia, y donde la literatura se cruza con la realidad social. Un recordatorio de que los libros también pueden ser herramientas para pensar el país desde sus heridas y sus posibilidades.

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