Hay pueblos que se explican por sus calles y otros que se comprenden mejor por sus sonidos. En Soledad de Graciano Sánchez, la música vuelve a ocupar su lugar como lenguaje formativo y refugio sensible con la reanudación de actividades de la Escuela Municipal de Música, un espacio donde la infancia y la adolescencia encuentran algo más que notas: descubren disciplina, identidad y comunidad.
Este proyecto retoma su pulso con una oferta diversa de talleres que recorren distintos lenguajes musicales a lo largo de la semana. Coros, instrumentos de aliento, piano, guitarra, percusiones, batería y ensambles conforman un itinerario pedagógico que apuesta por una formación integral, capaz de despertar vocaciones y fortalecer habilidades desde edades tempranas. La música, aquí, no se fragmenta: se vive como experiencia colectiva.
La escuela está dirigida a niñas, niños y adolescentes de entre ocho y quince años, y uno de sus rasgos más valiosos es su carácter incluyente. No hay cuotas, ni barreras económicas, ni exigencias técnicas previas. Los instrumentos están disponibles para quienes deseen aprender, haciendo del arte un derecho y no un privilegio, una puerta abierta donde antes solía haber distancia.
Más allá de la técnica musical, este esfuerzo apunta a algo más profundo: sembrar confianza, constancia y sentido de pertenencia. La educación artística se convierte así en una herramienta silenciosa pero poderosa, capaz de moldear carácter, ampliar horizontes y ofrecer alternativas sanas de desarrollo personal y social.
La Escuela Municipal de Música nace y se sostiene bajo una visión que entiende a la cultura como columna del bienestar colectivo. Impulsar el talento local desde la niñez es, en el fondo, una forma de cuidar el futuro de Soledad, de fortalecer su orgullo y de recordar que una comunidad que escucha y crea, también aprende a convivir mejor.









