Que el 8 de marzo no sea solo una fecha, columna de opinión de Sofía Álvarez

Sofia Álvarez

El 8 de marzo no es una celebración. Es memoria. Es ausencia. Es la silla vacía en la mesa. Es el mensaje que nunca llegó. Es la marcha que no tendría que existir si la violencia no fuera parte de nuestra cotidianidad.

Cada año, el 8M nos confronta con una realidad que incomoda: ser mujer en México sigue implicando miedo. Miedo al volver sola a casa. Miedo a denunciar. Miedo a no ser escuchada. Miedo a convertirse en una cifra más.

En San Luis Potosí, como en muchos otros estados, la Alerta de Violencia de Género no es un símbolo político: es el reconocimiento oficial de una emergencia. Es admitir que algo está profundamente roto. Que las instituciones no han sido suficientes. Que las mujeres necesitan medidas extraordinarias porque viven circunstancias extraordinarias.

Retirar una alerta no borra la violencia. No regresa a quienes ya no están. No garantiza que las niñas caminen seguras a la escuela ni que las madres vuelvan tranquilas del trabajo. Una alerta no es una mancha administrativa; es un mecanismo de protección. Quitarla sin que las condiciones hayan cambiado sería como apagar la alarma mientras el incendio sigue encendido.

El 8 de marzo debería ser un día para escuchar, no para minimizar. Para reconocer que la violencia feminicida, las desapariciones, el acoso y la impunidad no son narrativas exageradas: son historias reales con nombres y apellidos. Son familias enteras viviendo duelos interminables.

Hablar de mantener la alerta no es hablar de fracaso; es hablar de responsabilidad. Es aceptar que aún falta mucho por hacer en prevención, en investigación, en acceso a la justicia, en educación con perspectiva de género. Es entender que las políticas públicas no deben responder al desgaste político, sino a la realidad que viven las mujeres.

El verdadero avance no se mide retirando mecanismos de emergencia, sino logrando que ya no sean necesarios. Y ese día aún no llega.

Este 8 de marzo no pidamos silencio ni prudencia. Pidamos coherencia. Pidamos compromiso sostenido. Pidamos que las decisiones institucionales estén a la altura del dolor que tantas familias cargan.

Porque mientras haya una mujer que no regrese a casa, mientras haya una niña que crezca con miedo, mientras haya una denuncia que no se investigue, la alerta no es exageración: es urgencia.

Y la urgencia, cuando se trata de vidas, no se desactiva. Se enfrenta.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de © Dog News 2024

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