En un giro inesperado del talento infantil, Jude Owens, un niño de apenas dos años, ha logrado marcar historia al batir dos récords mundiales en billar, convirtiéndose en uno de los poseedores de récords más jóvenes del mundo. Con una destreza sorprendente, el pequeño ha ejecutado tiros que normalmente requieren años de práctica, dejando al mundo boquiabierto ante su habilidad precoz.
El primero de sus hitos se produjo cuando completó un “snooker double pot”, embocando dos bolas en diferentes troneras con un solo movimiento, una proeza que ningún otro niño había conseguido a esa edad. Semanas después, Jude replicó su hazaña realizando un “pool bank shot”, donde la bola impacta las bandas de la mesa antes de caer en una tronera, consolidando así su nombre en los récords de la disciplina.
Detrás del prodigio hay una historia familiar entrañable. Sus padres, sorprendidos desde que Jude tomó el taco por primera vez, adaptaron su hogar con taburetes y mesas a su medida, alentando su interés sin presión alguna. Cada logro, más que un simple récord, refleja horas de juego compartido y la curiosidad natural de un niño que encuentra diversión y concentración en cada tiro.
El talento de Jude ha resonado más allá del billar, mostrando cómo la infancia puede ser un terreno fértil para la creatividad y la disciplina. Su entusiasmo por aprender y experimentar con cada jugada ha cautivado a aficionados y expertos, recordando que la excelencia no siempre llega con la edad, sino con pasión y constancia.
Este episodio deja una enseñanza clara: en los primeros pasos de la vida, el mundo guarda sorpresas inesperadas, y a veces, la historia se escribe con bolas de billar y la risa de un niño. Jude Owens se ha convertido en un ejemplo de cómo el talento y la alegría pueden trascender fronteras y edades.









