En la cartografía contemporánea del entretenimiento global, pocas marcas han redefinido el consumo cultural como Netflix. Ahora, la plataforma ha decidido anclar una parte decisiva de su operación en la Avenida Ejército Nacional, en la Ciudad de México, donde inauguró oficialmente sus nuevas oficinas para gestionar proyectos locales y regionales en América Latina. No es solo una mudanza corporativa: es una declaración de confianza en el músculo creativo del país.
El acto de apertura reunió a figuras clave del ámbito económico y empresarial. Entre ellas, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard Casaubón, y el codirector general de la compañía, Greg Peters. La presencia de ambos subrayó la dimensión estratégica del anuncio, enmarcado dentro de un plan de inversión de mil millones de dólares que la empresa desplegará en México entre 2025 y 2028.
Ese compromiso financiero contempla la producción de series y películas en territorio nacional, consolidando al país como un polo audiovisual de creciente influencia. La industria mexicana, con su tradición cinematográfica y su diversidad narrativa, se convierte así en plataforma de historias que no solo viajan por pantallas, sino que cruzan fronteras lingüísticas y culturales.
Durante el evento, Ebrard destacó que México, con 130 millones de habitantes, constituye el mercado de habla hispana más grande del mundo y forma parte de una comunidad cultural de aproximadamente 450 millones de personas. Más allá de la cifra, el mensaje fue claro: el país no es solo consumidor de contenidos, sino generador de relatos con alcance continental.
La decisión de establecer estas oficinas en la capital refuerza el papel de la Ciudad de México como centro neurálgico de la industria creativa en América Latina. Estudios, productoras, talento técnico y artístico convergen en una metrópoli que ha aprendido a dialogar con el mundo sin perder su identidad narrativa.
En tiempos donde el streaming redefine las fronteras del entretenimiento, la inauguración de estas oficinas simboliza algo más profundo: la consolidación de México como territorio fértil para la imaginación audiovisual. Desde aquí, historias locales podrán proyectarse con ambición global, recordándonos que toda gran narrativa comienza en un punto específico del mapa.








