La historia de la salud pública en México suma un nuevo capítulo que apunta a la integración y no a la fragmentación. Desde Iztapalapa, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció el inicio de un proceso que busca borrar fronteras administrativas entre instituciones médicas y colocar al paciente, por fin, en el centro del sistema: una credencial nacional de salud que permitirá atenderse sin distinción entre IMSS, ISSSTE e IMSS-Bienestar.
El anuncio tuvo como escenario la inauguración del Hospital General Regional número veinticinco del IMSS, una obra de gran escala pensada para responder a una de las zonas más densamente pobladas del país. Con cientos de camas, decenas de especialidades y tecnología de alta complejidad, el hospital simboliza una apuesta por fortalecer la infraestructura mientras se replantea la forma en que el Estado cuida a sus ciudadanos.
La nueva credencial no será solo una tarjeta, sino la llave de acceso a un expediente clínico digital compartido. La promesa es sencilla y, al mismo tiempo, profunda: que una persona pueda acudir a la unidad médica más cercana y ser atendida con pleno conocimiento de su historial, sin repetir trámites ni comenzar de cero cada consulta. En un país donde la burocracia suele enfermar más que aliviar, la digitalización aparece como una medicina largamente esperada.
Sheinbaum explicó que esta estrategia se inscribe en la construcción de un sistema nacional de salud verdaderamente universal, con la mira puesta en un horizonte donde la afiliación deje de ser un obstáculo. La meta es clara: ampliar la cobertura, garantizar medicamentos y hacer más eficiente el uso de hospitales y personal médico, no como promesa electoral, sino como política de Estado.
La credencialización, subrayó la mandataria, no es un programa asistencial ni una dádiva temporal. Es un mecanismo de identificación sanitaria que reconoce la salud como un derecho y no como un privilegio. Si se cumple lo anunciado, este proyecto podría marcar un antes y un después en la relación entre los mexicanos y su sistema público de salud, acercándolo más a la idea de cuidado colectivo que a la lógica del papeleo.









