León XIV pide a Líbano reconciliarse y resistir

En medio de un país sacudido por crisis sucesivas, la llegada del papa León XIV a Líbano abrió un paréntesis de respiro y reflexión. Desde Beirut, el pontífice habló con una claridad que rozó lo íntimo: invitó a los libaneses a permanecer en su tierra, aun cuando la partida parezca más sencilla que la resistencia. Fue un mensaje que no ignoró el dolor reciente, sino que se dirigió directamente a él, reconociendo la herida abierta de la emigración y el desgaste social tras la guerra con Israel.

Durante su discurso en el palacio presidencial, León XIV —estadounidense nacionalizado peruano— insistió en la valentía de quedarse, un acto que describió como gesto de visión y apuesta por el mañana. Su visita, de apenas dos días, resonó especialmente en un país donde la población cristiana ha disminuido de forma sostenida y donde la sucesión de crisis desde 2019 ha empujado a cientos de miles de personas a abandonar el país. En ese contexto, su llamado no fue solo espiritual, sino una invitación a reconstruir un sentido colectivo.

El recorrido del papa atravesó distintos símbolos de la vida libanesa: desde el recibimiento del presidente Joseph Aoun, hasta su paso por los suburbios del sur de Beirut, bastión de Hezbolá, donde simpatizantes chiitas recibieron su comitiva con una mezcla de curiosidad y esperanza. El movimiento chiita le pidió denunciar la “agresión” israelí, recordándole así la complejidad política que permea cada gesto en esta región marcada por enfrentamientos cíclicos y treguas frágiles.

En su mensaje público, León XIV habló también sobre Oriente Medio y reiteró su apoyo a la solución de dos Estados, que calificó como la única vía posible para resolver el conflicto entre israelíes y palestinos. La Santa Sede, que reconoce a Palestina desde 2015, sostuvo nuevamente una postura de equilibrio diplomático, consciente del delicado tejido interreligioso que define al país. La visita del papa, la primera desde 2012, se convirtió así en una reafirmación del valor del modelo multiconfesional libanés, debilitado pero aún vivo.

El viaje concluyó con el eco de una idea insistente: la reconciliación. El papa pidió sanar heridas personales y colectivas para defender la coexistencia como patrimonio común. Miles de libaneses salieron a las calles para verlo pasar, quizá buscando en su presencia una chispa de esperanza en tiempos inciertos. Para muchos, su mensaje no fue solo político ni religioso, sino profundamente humano: un recordatorio de que incluso en la adversidad, la permanencia puede ser un acto de fe.

Compartir post:

RECIENTES