La metamorfosis de la máxima fiesta potosina

A más de ocho décadas de su nacimiento, la fiesta patronal en honor a San Luis Rey de Francia transformó por completo la geografía urbana y la cartelera musical de la capital.

El verano de 1942 marcó un punto de inflexión definitivo en la memoria colectiva de San Luis Potosí. Lo que durante generaciones había germinado como una festividad patronal en honor a San Luis Rey de Francia adquirió dimensiones insospechadas entre el 23 de agosto y el 6 de septiembre de aquel año. Bajo el impulso conjunto del Gobierno del Estado y el Honorable Consejo Municipal, nació la Primera Gran Feria Potosina, una ambiciosa apuesta que no se confinó a un terreno cerrado, sino que convirtió a la ciudad entera en su propio pabellón. Las plazas céntricas, las alamedas y los templos se inundaron de corridas de toros, torneos deportivos, veladas artísticas y solemnidades religiosas que atrajeron a miles de visitantes de entidades vecinas, posicionando velozmente a la capital como una potencia turística y social en el corazón del país.

Con el paso de los años, aquella celebración itinerante necesitó un espacio para canalizar el efervescente crecimiento de sus muestras ganaderas, industriales y agrícolas. La feria mudó sus primeros bailes y atracciones formales al antiguo Estadio 20 de Noviembre, ubicado sobre la avenida Nicolás Zapata, justo donde hoy se levanta una clínica hospitalaria. Aquellos primeros pasos, más sobrios y familiares, dieron paso a una etapa entrañable en la Alameda Juan Sarabia. Bajo las sombras de sus árboles, el olor a buñuelos y la música popular convivían con el vertiginoso andar de los juegos mecánicos, lugar donde la memoria popular aún guarda con nostalgia aquellos paseos nocturnos, enturbiados únicamente por aquel trágico accidente de la rueda de la fortuna en 1966 que quedó grabado a fuego en la crónica local.

Hacia finales de la década de 1960, el festejo alcanzó una madurez que le mereció el título de Feria Nacional. La creciente demanda obligó a trasladar las instalaciones a los amplios terrenos de la avenida Luis Donaldo Colosio y Coronel Romero, sitio donde actualmente se erige la Ciudad Judicial. Para generaciones de potosinos, esa época dorada evoca la caminata entre corrales de exhibición ganadera, las cobijas y trastes ofertados por los característicos gritones y la calidez de las carpas gastronómicas donde se degustaban los platillos típicos de la región.

A la par de su expansión física, el festejo se consolidó como el aparador predilecto para los ídolos de la canción mexicana. Durante las décadas de 1980 y 1990, figuras monumentales engalanaron las noches de fiesta: José José conquistó al público en el clímax de su carrera en la sede de Coronel Romero durante los años ochenta, mientras que Juan Gabriel abarrotó el Palenque en múltiples ocasiones, destacando históricas noches de concierto a lo largo de los noventa e inicios de los dos mil que quedaron grabadas en la memoria colectiva del estado.

El siglo milenario exigió una infraestructura definitiva a la altura de uno de los eventos feriales más importantes del país. En 1997, tras la donación de un extenso predio por parte del arquitecto Alfonso Esper en la intersección de Avenida Juárez y Periférico, lugar donde antaño se encontraba la entrañable Presita del Satélite, se inauguró el moderno recinto ferial. A lo largo de casi tres décadas en esta sede, la fiesta ha evolucionado hasta consolidarse como un complejo de espectáculos masivos, abarcando pabellones comerciales, muestras gastronómicas continentales, palenque y el imponente Teatro del Pueblo, reafirmando año con año la vibrante identidad de una ciudad que supo llevar su fiesta desde las calles del centro hasta un escenario monumental.

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