Enero siempre llega con fama de villano. Después del brillo de diciembre, el primer mes del año se presenta como una resaca económica colectiva: bolsillos ligeros, cuentas pendientes y una sensación de escasez que parece más emocional que matemática. Pero la llamada “cuesta de enero” no es solo una fatalidad cíclica; también es un espejo que nos obliga a mirar cómo gastamos, qué priorizamos y de qué manera nos relacionamos con el dinero cotidiano.
Sobrevivir —y algo más— a este mes implica, antes que sacrificios heroicos, una pausa consciente. Revisar lo indispensable frente a lo accesorio no es un castigo, sino un acto de inteligencia doméstica. Enero no pide derroche ni penitencia, sino orden: saber cuánto entra, cuánto sale y en qué se nos escapan los pesos sin darnos cuenta. A veces, el problema no es la falta de dinero, sino su dispersión.
Aprovechar los últimos pesos también significa reconciliarnos con prácticas casi olvidadas: cocinar en casa, reutilizar, planear compras y resistir el impulso del gasto inmediato. No se trata de vivir con miedo al precio, sino de recuperar el valor de cada elección. Preparar alimentos sencillos, priorizar transporte y servicios básicos, y posponer compras grandes puede transformar un mes temido en un periodo de reajuste saludable.
Enero, además, es terreno fértil para acuerdos colectivos. Compartir gastos, dividir responsabilidades y apoyarse en redes familiares o comunitarias reduce la carga individual. La economía doméstica no siempre se sostiene en solitario; muchas veces se equilibra mejor cuando se conversa y se organiza en conjunto. Ahí, el dinero deja de ser un problema privado y se vuelve una estrategia compartida.
Al final, la cuesta de enero no tiene por qué ser una caída libre. Puede ser una pendiente que se sube despacio, con cuidado y aprendizaje. Este inicio de año ofrece algo más valioso que abundancia inmediata: la oportunidad de comenzar con mayor conciencia, de gastar mejor y de recordar que sobrevivir al mes también es una forma silenciosa de victoria cotidiana.









