El Saucito ya es memoria viva de San Luis

Hay celebraciones que no caben en un calendario porque pertenecen al pulso más íntimo de un pueblo. Esta mañana, el Mtro. Martín Juárez Córdova, Director de Cultura Municipal, acudió en representación del alcalde Enrique Galindo Ceballos a la entrega de la Declaratoria como Patrimonio Cultural Inmaterial del Estado a las Fiestas Patronales en Honor al Señor del Saucito y su Ruta Peregrina y de Penitencia. El reconocimiento, otorgado por la Secretaría de Cultura del Estado de San Luis Potosí, no es un gesto protocolario: es la inscripción formal de una devoción en la memoria pública del estado.

Las Fiestas del Señor del Saucito no nacieron ayer. Desde el siglo XIX laten en los barrios, en las promesas susurradas al amanecer y en los pasos descalzos que recorren la ruta de penitencia. Han sobrevivido a los cambios políticos, a las transformaciones urbanas y a las prisas del mundo moderno, como si en su trayecto se tejiera una resistencia silenciosa: la de la fe transmitida de abuelos a nietos, de madres a hijas, de comunidad en comunidad.

La declaratoria reconoce justamente esa continuidad. No se trata sólo de procesiones o de imágenes veneradas, sino de una compleja red de significados que articulan identidad, pertenencia y memoria colectiva. Cada peregrino que avanza confirma que la tradición no es una pieza de museo, sino un organismo vivo que se reinventa sin traicionarse.

En la ceremonia, la representación municipal subrayó el compromiso del Gobierno de la Capital para preservar, fortalecer y difundir el patrimonio cultural que da identidad a San Luis Potosí. Bajo el liderazgo del alcalde Enrique Galindo Ceballos, la administración ha insistido en que la cultura no es ornamento, sino columna vertebral de la vida pública.

Reconocer al Señor del Saucito y su ruta es también reconocer la geografía emocional de la ciudad. Las calles que pisan los penitentes no son simples trazos urbanos: son caminos cargados de historia, de lágrimas y de gratitud. Allí donde alguien camina en silencio, la ciudad aprende a escucharse a sí misma.

Hoy, con esta declaratoria, San Luis Potosí no sólo protege una festividad; protege una forma de entender el mundo. Porque cuando una tradición se nombra patrimonio, deja de ser costumbre aislada y se convierte en herencia compartida. Y en esa herencia, el Saucito seguirá marcando el ritmo profundo de nuestra memoria.

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