El regreso del esfuerzo: cuando el trabajo migrante se convierte en pensión

Durante décadas, miles de potosinas y potosinos cruzaron fronteras persiguiendo una promesa sencilla y poderosa: trabajar con dignidad para construir un futuro. Hoy, en Matehuala, esa historia de esfuerzo encontró un punto de retorno. Personas mayores de sesenta y dos años, que laboraron más de una década en Estados Unidos y cuentan con registro en su sistema de Seguridad Social, comenzaron a inscribirse en un programa que reconoce su trayecto laboral y lo traduce en respaldo económico.

La jornada, impulsada por el Gobierno del Estado, no fue solo un trámite administrativo. Fue un acto de memoria social. En cada documento entregado y cada expediente abierto se reflejó una vida marcada por jornadas largas, oficios duros y ausencias familiares prolongadas. La iniciativa responde a la instrucción del gobernador Ricardo Gallardo Cardona de apoyar sin límites a quienes sostuvieron economías ajenas y hoy merecen certeza para su vejez.

El Instituto de Migración y Enlace Internacional asumió la coordinación de este proceso, bajo la conducción de Luis Enrique Hernández Segura, con el aval de la Unidad de Beneficios Federales de la Embajada de Estados Unidos en México. La presencia consular otorgó legalidad y confianza, dos palabras fundamentales cuando se trata de derechos acumulados durante años de trabajo fuera del país.

A lo largo del año, este programa permanente ha beneficiado ya a más de ciento setenta personas originarias de San Luis Potosí. No se trata de cifras frías, sino de historias concretas que encuentran, quizá por primera vez, una respuesta institucional clara a décadas de aportaciones realizadas en silencio, lejos de casa.

La colaboración del gobierno municipal de Matehuala fue clave para que esta jornada se realizara con orden y cercanía. La suma de esfuerzos entre niveles de gobierno revela una política pública que entiende la migración no como una estadística, sino como una experiencia humana que deja huellas profundas en las comunidades de origen.

Así, el programa continuará durante el año, abierto a quienes aún no han iniciado su trámite. En un contexto donde migrar ha sido sinónimo de sacrificio, esta pensión representa algo más que un ingreso: es un reconocimiento tardío, pero necesario, a una generación que sostuvo su esperanza trabajando del otro lado de la frontera.

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