Julián Carrillo no fue solo un compositor: fue una pregunta lanzada al aire de la música universal. Nacido en San Luis Potosí en 1875, su nombre quedó inscrito entre aquellos creadores que no se conformaron con obedecer las reglas del arte, sino que se atrevieron a romperlas. Mientras gran parte del mundo seguía afinando dentro de los márgenes tradicionales, Carrillo ya escuchaba sonidos que todavía no tenían nombre.
Su mayor legado, el Sonido 13, fue una revolución silenciosa y profunda. Carrillo cuestionó el sistema musical occidental de doce notas y abrió un territorio nuevo, hecho de microtonos, intervalos invisibles y posibilidades infinitas. No era un capricho experimental: era una forma distinta de entender el universo sonoro, tan radical que encontró eco en Europa, Estados Unidos y América Latina, mucho antes de ser plenamente comprendida en su propio país.
Desde San Luis Potosí, su historia se teje entre la genialidad y la incomprensión. Aquí dio sus primeros pasos, aquí regresó una y otra vez, y aquí dejó instrumentos únicos, como los Pianos Metamorfoseadores, diseñados para ejecutar esa música que no cabía en lo convencional. Carrillo fue, al mismo tiempo, un científico del sonido y un poeta del oído, convencido de que la música debía evolucionar junto con la humanidad.
A 151 años de su nacimiento, el legado de Carrillo vuelve a ocupar el sitio que merece. El Gobierno del Estado, a través de la Secretaría de Cultura, develó una placa conmemorativa en el Centro de Formación, Investigación y Documentación Julián Carrillo, reconociendo su papel como una de las figuras más relevantes de la música mexicana y universal. El acto simbolizó que el cambio también se vive y se siente en la cultura, mediante acciones que fortalecen la identidad y el patrimonio potosino.
Durante la ceremonia, el secretario de Cultura, Mario García Valdez, subrayó el compromiso del Gobierno Estatal encabezado por Ricardo Gallardo Cardona con la preservación y difusión del patrimonio cultural. Destacó que esta nueva etapa impulsa de manera decidida la obra y el pensamiento de Julián Carrillo, así como la conservación de la invaluable colección de los Pianos Metamorfoseadores, piezas únicas en la historia musical del país.
El homenaje incluyó una Guardia de Honor y la develación de la placa que declara esta colección como Patrimonio Cultural del Estado, acompañadas de actividades artísticas y académicas. Más que un acto protocolario, fue una afirmación: Julián Carrillo no pertenece al pasado, sino a un presente que por fin comienza a escucharlo, y a un futuro donde su audacia seguirá desafiando la forma en que entendemos la música y el mundo.








