Hay espacios que no envejecen: se transforman. En Museo Leonora Carrington, el paso del tiempo no se mide en calendarios, sino en símbolos, en figuras que parecen respirar desde otra dimensión. A ocho años de su apertura, este recinto celebra no solo su permanencia, sino su capacidad de seguir provocando asombro en quienes se atreven a recorrer sus pasillos.
Ubicado en el antiguo y solemne Centro de las Artes de San Luis Potosí, el museo se ha consolidado como un santuario del surrealismo en México. La obra de Leonora Carrington encuentra aquí un hogar donde lo fantástico no es evasión, sino una forma de entender la realidad desde sus pliegues más íntimos. Esculturas, grabados y piezas híbridas invitan a mirar con otros ojos, a sospechar de lo evidente.
La celebración de este aniversario se desplegará como una experiencia multisensorial. La Orquesta Sinfónica de San Luis Potosí tomará el escenario en una velada que, por primera vez, será dirigida por dos directoras invitadas, Josefa y Esperanza de Velazco, en un gesto que también reescribe las formas de habitar la música. El sonido, en ese contexto, dialogará con la arquitectura y con las presencias invisibles que habitan el recinto.
Pero la noche no se quedará en lo audible. La luz y la tecnología intervendrán el espacio con un espectáculo de mapeo sobre esculturas emblemáticas como “Señor Crisis” y “AURA”, donde las formas parecen desbordarse y cobrar vida. Es, en esencia, una conversación entre materia y proyección, entre lo tangible y lo imaginado.
Como si el tiempo se desplegara en capas, el aniversario también abrirá nuevas rutas de exploración con dos exposiciones. “El Lugar de las horas perdidas, retrospección” de Verónica Elías y “Cartografía de una Mente Viva” de Montse Saiz proponen un recorrido por la memoria, el tiempo y la imaginación contemporánea. Ambas dialogan, a su manera, con el legado de Carrington: ese territorio donde lo personal se vuelve universal.
Con esta conmemoración, la Secretaría de Cultura de San Luis Potosí reafirma una certeza silenciosa pero firme: el arte no es un lujo, es una necesidad. Y en este museo, donde los sueños han encontrado casa, cada aniversario es menos una celebración del pasado que una invitación a seguir imaginando.








