El monstruo de Del Toro conquista la Academia

Hay historias que regresan una y otra vez porque nunca terminan de decirlo todo. Frankenstein, ese mito fundacional de la modernidad, ha encontrado en Guillermo del Toro una nueva voz y, quizá, un nuevo latido. La más reciente adaptación del cineasta mexicano ha obtenido nueve nominaciones al Oscar, un reconocimiento que la coloca entre las obras más comentadas y admiradas del año cinematográfico.

Lejos de limitarse a recrear un clásico, Del Toro ha dialogado con la novela de Mary Shelley desde una sensibilidad contemporánea, donde el horror no nace del monstruo sino del abandono, la incomprensión y el miedo a lo distinto. Esta lectura profundamente humana ha sido clave para que la película destaque no solo por su ambición estética, sino por su densidad emocional y narrativa.

Las nominaciones abarcan tanto categorías creativas como técnicas, confirmando el sello autoral del director: una obsesión minuciosa por la imagen, el sonido y los detalles que construyen atmósferas. Cada encuadre parece pensado como una pintura en movimiento, y cada silencio como una herida que habla. Es cine que no corre, que observa, que se permite pensar.

El reconocimiento también reafirma la presencia del talento mexicano en la industria global. Del Toro, heredero de una tradición de narradores que miran lo fantástico como un espejo de lo real, vuelve a demostrar que las historias locales, cuando se cuentan con honestidad y rigor, pueden dialogar con el mundo entero sin perder su identidad.

Así, Frankenstein no solo compite por estatuillas, sino por permanecer en la memoria colectiva. En tiempos de relatos fugaces, esta película recuerda que el cine aún puede ser un espacio para la reflexión, la belleza inquietante y la compasión por aquello que llamamos monstruoso, cuando en realidad es profundamente humano.

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