El agua que vuelve y el campo que aprende a respirar

En la llanura generosa de la Zona Media potosina, donde el sol y la tierra dialogan desde hace siglos, el Centro de Investigación y Extensión “El Balandrán” de la UASLP ensaya respuestas serenas a dos de los dilemas más urgentes del país: el cuidado del agua y la transformación del campo. No lo hace desde la estridencia, sino desde la paciencia científica y la imaginación aplicada, esa que convierte la observación en futuro posible.

Desde Ciudad Fernández, el centro universitario impulsa un proyecto de captación de agua de lluvia que ya ha comenzado a replicarse en escuelas de la región. La lógica es tan simple como poderosa: aprovechar un recurso que cae del cielo y suele perderse, para aliviar la presión sobre los sistemas tradicionales de abastecimiento. En un territorio donde cada gota cuenta, la lluvia deja de ser un episodio pasajero y se convierte en una aliada cotidiana.

A la par, en los estanques del Balandrán ocurre una escena que bien podría resumir el concepto de economía circular. La acuaponía, con la crianza de tilapia como eje, permite que los desechos de los peces nutran plantas aromáticas y cultivos diversos. El agua circula, se filtra, se cuida. Nada sobra, nada se desperdicia. Este modelo, respaldado por colaboraciones nacionales e internacionales, ha despertado el interés de autoridades municipales y comunidades educativas que ven en él una alternativa viable para el sustento familiar.

El sistema funciona con una delicadeza casi artesanal: estanques conectados, filtros naturales, piedra volcánica que purifica y equilibra, y un uso mínimo del agua gracias a la recirculación constante. No se trata solo de producir peces o plantas, sino de entender los ritmos de la naturaleza y trabajar con ellos, no en su contra. La ciencia, aquí, se ensucia las manos y aprende del entorno.

Detrás de estos proyectos hay una red amplia de investigadores, facultades y saberes que dialogan entre sí. Ingeniería, agronomía, biociencias y otras disciplinas convergen en una misma convicción: el conocimiento debe servir para mejorar la vida. En “El Balandrán”, la universidad sale del aula, se instala en el territorio y escribe, junto con las comunidades, una historia distinta sobre el agua, el campo y el porvenir.

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