De desecho a promesa: la ciencia que transforma la tuna en el Altiplano potosino

En la Zona Altiplano de San Luis Potosí, donde el horizonte se dibuja entre nopaleras y surcos que esperan la lluvia, la agricultura no es solo economía: es herencia. Allí, en medio de esa tradición silenciosa, investigadoras e investigadores de la Coordinación Académica Región Altiplano Oeste de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí han decidido mirar lo que antes se descartaba. Cáscaras, semillas, restos de cosecha: aquello que parecía sobrante hoy se estudia como si fuera un archivo secreto de posibilidades.

Al frente de esta línea de trabajo se encuentra la doctora Laura Araceli López Martínez, ingeniera en Alimentos, especialista en Ciencia de los Alimentos y doctora en Bioprocesos, con formación internacional. Su apuesta es clara: convertir residuos agrícolas en valor agregado. La idea nació de una escena repetida cada temporada, cuando los productores enfrentan excedentes y toneladas de subproductos que, sin mercado ni transformación, terminan desperdiciados.

Uno de los grandes protagonistas de esta historia es la tuna, fruto emblemático del Altiplano. El equipo ha analizado de manera integral su pulpa, sus semillas y, sobre todo, su cáscara. Minerales, compuestos fenólicos, antioxidantes y otras sustancias con potencial funcional han sido identificados con rigor de laboratorio. Lo que comenzó como una caracterización básica ha evolucionado hacia procesos de extracción específicos que podrían abrir la puerta a aplicaciones comerciales en la industria alimentaria o farmacéutica.

Pero la ciencia, cuando es auténtica, también descubre sombras. En algunas muestras de cáscara se detectaron compuestos minerales potencialmente tóxicos. Lejos de clausurar el proyecto, el hallazgo abrió una nueva línea de reflexión: si estos residuos pueden captar o contener ciertos elementos, quizá puedan emplearse en procesos de remediación ambiental, ayudando a limpiar suelos contaminados. Así, lo que era desperdicio podría convertirse en herramienta para restaurar la tierra.

El trabajo no se realiza en aislamiento. Colabora con productores del municipio de Salinas, con el Colegio de Posgraduados y con otras instituciones académicas. Parte de la investigación se desarrolla en el laboratorio de Química y Bioquímica del campus, mientras que otras fases requieren alianzas externas debido a la limitada infraestructura de un campus joven. La construcción del conocimiento, aquí, es también un ejercicio de cooperación.

Desde su incorporación en 2015, la doctora López Martínez ha orientado su labor hacia las necesidades concretas de la región. Sus estudiantes de Ingeniería Agroindustrial participan activamente mediante tesis, prácticas y servicio social, encontrando en el laboratorio no solo técnicas, sino una forma distinta de mirar el territorio. Para los próximos años, el objetivo es profundizar en el estudio de los minerales presentes en la cáscara de tuna y evaluar con mayor precisión su potencial en la remediación de suelos. En el Altiplano, la ciencia ha decidido escuchar a la tierra y, quizá, devolverle algo de lo que durante siglos ha ofrecido.

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