En el vasto mapa de la ciencia mexicana, donde los reconocimientos no son concesiones sino conquistas, el nombre del doctor Manuel Alejandro Lizardi Jiménez se inscribe ahora en una de las instituciones más respetadas del país. El investigador adscrito a la Maestría en Derechos Humanos de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí ha sido admitido como integrante regular de la Academia Mexicana de Ciencias, distinción reservada a trayectorias consolidadas y voces influyentes en su campo.
El ingreso a la Academia no es un trámite, es un proceso riguroso que exige la postulación por parte de un miembro activo y una evaluación exhaustiva de la obra científica. En su caso, la propuesta fue impulsada por el doctor Gerardo Saucedo, de la Universidad Autónoma Metropolitana, y el procedimiento tomó cerca de un año. No se trata de una autopromoción, sino de un reconocimiento otorgado por pares que validan la profundidad y el alcance de una carrera.
Doctor en Biotecnología desde hace más de una década, Lizardi Jiménez ha tejido una trayectoria que cruza fronteras disciplinares. Su trabajo vincula la biotecnología ambiental con los derechos humanos, integrando enfoques de ciencia posnormal para abordar problemáticas socioambientales marcadas por la incertidumbre. En la UASLP, su labor académica dialoga con especialistas en ciencias sociales y humanidades, en un ejercicio poco común pero necesario en tiempos donde los conflictos ambientales exigen miradas complejas.
Su producción es amplia y consistente. Cuenta con patentes, decenas de artículos en revistas especializadas, capítulos de libro, participaciones en congresos nacionales e internacionales y textos de divulgación científica. Ha dirigido proyectos financiados y colaborado en iniciativas estratégicas vinculadas a procesos contaminantes, soberanía alimentaria y ciencia de frontera. Desde hace más de una década forma parte del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores, actualmente en Nivel II, y también integra el Sistema Estatal de Investigadores.
Más allá de los números, hay una vocación formativa que define su carrera. Ha dirigido tesis de posgrado en México y en el extranjero, y actualmente se desempeña como secretario de la Sociedad Mexicana de Biotecnología y Bioingeniería, donde impulsa la articulación de una comunidad científica que supera el millar de especialistas. Su experiencia en la Maestría en Derechos Humanos ha demostrado que la ingeniería y el derecho pueden dialogar cuando el objetivo es común: la defensa del territorio y del patrimonio natural.
Para el académico, este ingreso representa un logro compartido con la institución que lo respalda y con los equipos que han acompañado su trabajo. Pero también es una plataforma. En un país donde los desafíos ambientales y sociales se entrelazan, su trayectoria confirma que la ciencia no puede permanecer aislada en el laboratorio. Cuando se conecta con las humanidades y con la realidad concreta de las comunidades, se convierte en herramienta de transformación.








