El pasado domingo concluyó la cuadragésima sexta edición del Festival Internacional de Danza Contemporánea Lila López. Durante una semana, San Luis Potosí recibió funciones, talleres, proyecciones y diversas actividades que acercaron la danza contemporánea a cientos de personas. Un festival como este no sólo invita a observar la danza, sino también a preguntarse por qué bailamos, qué significa hacerlo y por qué el movimiento ha acompañado a la humanidad desde sus orígenes. A partir de esas dudas nace la siguiente reflexión:
¿Cuándo nacen las ganas de comenzar a bailar? ¿Cómo se detiene ese ánimo de mover las piernas y los brazos? ¿Por qué es tan contagiosa la música y las sonrisas? ¿De qué se envuelve el mundo cuándo las piernas encuentran el ritmo adecuado? Tantas dudas que no han sido resueltas, pero en el intento de buscar su significado únicamente se entiende que descifrarlo no es igual a disfrutarlo.
Cómo seres humanos, la danza se encuentra ligada a nosotros desde tiempos prehispánicos. Bailamos por diferentes motivos, siempre simbólicos y desenfrenados. Nuestros ancestros lo hacían para invocar la lluvia como los Voladores de Papantla opara lidiar con el trauma de haber arrebatado la vida a un animal que los mantenía con vida. Ahora lo hacemos para dar a entender que una niña se convierte en mujer en los XV años, para cerrar los ojos y liberarnos o para sentirnos seguros en los brazos de alguien a quien amamos en un baile de pareja.
Los animales no son distintos a nosotros, los machosdespliegan complejas danzas para conseguir pareja; los mejores movimientos, los colores más llamativos o una combinación de ambos. En los seres humanos ocurre algo similar: algunos buscan demostrar fuerza, habilidad o destreza; otros encuentran en el movimiento una forma de libertad, pero sobre todo sirve para expresar emociones o demostrar atractivo, pero, ¿hasta cuándo es saciada esta necesidad?
En 2017 Daniela Del Río, en la Facultad de Artes Visuales de la Universidad Autónoma de Nuevo Leóngritó “Bailo por todas las que ya no están y por todas las que sufrieron, bailo porque ustedes no hacen nada”, esto convirtió el movimiento en una respuesta ante la frustración causada por la indiferencia de las autoridades. Desgraciadamente, en su momento fue tomada como burla, sin embargo, su acto no está nada alejado de los motivos simbólicos y el beneficio del baile.
Cómo puede verse, el baile es político y simbólico,pero sobre todo es pasional. Si bailar fuese un color sería rojo, intenso, difícil de ignorar; su percepción es inmediata e innegable, el cuerpo obedece a los impulsos, a los movimientos heredados por los antepasados y al cese del razonamiento al que nos acostumbra la rutina. El sudor y el cansancio se anulan, la palabra resistencia no se pronuncia, sólo se demuestra.
Decía Aldoux Huxley en su libro “Las Puertas de la Percepción” que es necesaria una droga para la sociedad y que esta no podía ser ni la mezcalina que contenía el peyote, ni la sensación que otorga el alcohol, pero el baile es lo más cercano a esasustancia que necesita la humanidad.
En el marco de la cuadragésima sexta edición del festival Lila López, hubo una presentación titulada “Un susurro entre la multitud” propuesta de la compañía potosina Tristán Garrido. Cabe aclarar que la danza contemporánea ciertamente es abstracta pero no es imposible de explicarse y entenderse. Para entender el arte me guio por una catedra que hubo en la universidad, en la que una maestra explicó que sirve bastante describir que es lo que se ve para darle una interpretación según la experiencia y conocimiento.
Lo que se vio en el intermedio de esta función fue a dos jóvenes acercándose lentamente, ambos hacían algo con su mano izquierda; uno rozaba el cuerpo del otro mientras el otro ocupaba el celular para transmitir en vivo en la pantalla del auditorio, y con ese mismo dispositivo tocaba el cuerpo del otro interprete.
En los últimos años se ha vívido una campaña tras otra para detener el uso crónico y excesivo del celular; en 2010 se nos advertía de las estrategias dopaminérgicas de las redes sociales; diez años después se comprobó que las mismas redes afectaban la autoestima de los jóvenes, han resurgido los teléfonos antiguos para evitar distracciones y se han creado aplicaciones para moderar el uso del celular, además de que compañías como Meta y Youtube pagaron una multa tras haberse confirmado cambios en su diseño que fomentaba el uso compulsivo.
En esta obra, hay un momento en el que los mismos jóvenes previamente mencionados se sostienen con una mano del cuello mientras uno deja una mano al aire y el otro los graba mientras giran en su eje y la pantalla no es capaz de enfocar el fondo, sino únicamente al sujeto, cómo si el mundo se detuviera, se alejara y quedara en silencio; crear un recuerdo es distinto a vivirlo, grabar nunca será igual a sentir y los besos nunca serán tan suaves cómo los que se dan con los ojos cerrados; únicos e irrepetibles.
La pregunta que deja esta obra es tan sencilla como profunda: ¿prefieres sentir la vida a través de una pantalla o con tus propias manos?
Lila López inició con una idea en la que, según su alumna, Carmen Alvarado, parecía descabellada, sin embargo, esta iniciativa se ha hecho internacional; ha demostrado que la danza es capaz de transmitir ideas y emociones sin decir palabras, al mismo tiempo que ha transformado a San Luis Potosí en un rincón mágico que se repite una vez al año con danzas y presentaciones increíbles.
Louise Glück escribió que «miramos el mundo una sola vez, en la infancia». Quizá tenga razón, tal vez nunca volvamos a contemplarlo con esa misma mirada, pero sí podemos seguir sintiéndolo, continúa habitándonoscada vez que damos el primer paso de un baile.
Pienso en todo esto tras asistir a las presentaciones. Y entonces lo quiero retratar para que puedas entenderlo tú también.








