En un tiempo donde la tecnología avanza con la misma rapidez con la que se desecha, una joven mexicana decidió mirar los residuos no como final, sino como origen. Angélica Montero, alumna del Colegio de Ciencias y Humanidades Azcapotzalco de la Universidad Nacional Autónoma de México, logró lo improbable: construir un automóvil a partir de desechos electrónicos y convertirlo en una pieza ganadora a nivel internacional.
Su creación no surgió de la abundancia, sino de la observación cuidadosa de aquello que otros descartan. Placas, cables y fragmentos de dispositivos obsoletos se transformaron en las partes de un vehículo que, lejos de ser una simple maqueta, encarna una idea poderosa: la innovación puede nacer de lo olvidado.
El proyecto formó parte del certamen Recover E, impulsado por la escudería Envision Racing, donde jóvenes de distintos países enfrentaron el desafío de diseñar una réplica de un auto de Fórmula E utilizando exclusivamente materiales reciclados. Entre ellos, la baquelita —difícil de reutilizar— representó uno de los mayores retos, resuelto con ingenio por la estudiante mexicana.
Más allá del resultado, su participación revela una narrativa más profunda. En un ámbito históricamente dominado por hombres, como la ingeniería automotriz, su triunfo abre una grieta luminosa. No se trata solo de ganar, sino de ampliar el horizonte de lo posible para otras jóvenes que observan, imaginan y construyen.
El vehículo, armado pieza por pieza con paciencia casi artesanal, es también una declaración sobre el presente. En él convergen dos preocupaciones contemporáneas: la acumulación de residuos electrónicos y la necesidad de soluciones sostenibles. Así, su proyecto no solo compite, sino que propone.
Quizá lo más valioso de esta historia no está en el trofeo, sino en la pregunta que deja flotando: ¿qué pasaría si comenzáramos a ver el desperdicio como materia prima? En esa posibilidad, que parece sencilla pero es profundamente transformadora, se encuentra la verdadera victoria.








