En las ciudades, las obras públicas son algo más que concreto y acero: son declaraciones de intención. Esta semana, el gobernador Ricardo Gallardo Cardona anunció el inicio de la construcción de un nuevo paso a desnivel en la intersección de avenida Las Torres y Circuito Potosí, una obra que implicará una inversión de doscientos cincuenta millones de pesos y que busca redefinir la movilidad en la zona metropolitana.
La intervención forma parte de un plan más amplio para consolidar una circulación más ágil y segura en San Luis Potosí. El tramo sur del circuito, históricamente saturado en horas pico, se convertirá en un punto estratégico para enlazar con mayor eficiencia el oriente y el poniente de la mancha urbana. No es solo una obra vial: es un intento por reconciliar a la ciudad consigo misma, por acortar distancias que durante años parecieron inevitables.
Conviene recordar que el viejo anillo periférico pasó décadas en una suerte de abandono funcional. Fue la actual administración la que emprendió su transformación mediante puentes atirantados de nueva generación, la reconstrucción de avenidas laterales y la rehabilitación de la superficie de rodamiento. La infraestructura, cuando se descuida, envejece como un edificio sin memoria; cuando se interviene con visión, puede convertirse en columna vertebral del desarrollo urbano.
A la fecha, el mandatario estatal ha modernizado el circuito con puentes vehiculares en Avenida Juárez, Coronel Romero y Calle setenta y uno. Cada estructura ha buscado aliviar cuellos de botella que durante años marcaron la rutina de miles de automovilistas. Actualmente, además, avanza la construcción del llamado mega puente sobre avenida Valle de los Fantasmas, pieza clave en esta narrativa de renovación.
El nuevo paso a desnivel en avenida Las Torres se inscribe, así, en una secuencia de obras que persiguen un mismo horizonte: fluidez, conectividad y seguridad. La movilidad urbana no es un lujo técnico; es un componente esencial de la calidad de vida. Reducir tiempos de traslado significa también devolver horas al descanso, al trabajo productivo y a la convivencia familiar.
En el fondo, cada puente y cada desnivel cuentan una historia sobre cómo una ciudad decide mirarse hacia adelante. Si el concreto logra cumplir su promesa, el sur del Circuito Potosí dejará de ser un punto de fricción para convertirse en un nodo de tránsito eficiente. La obra apenas comienza, pero ya forma parte del relato de una capital que busca moverse con mayor dignidad y ritmo propio.








