En la historia empresarial mexicana hay personajes que trascienden el logotipo para convertirse en símbolo popular. El bigote amable y la bata blanca del Dr. Simi pertenecen a esa categoría. Ahora, bajo la dirección de Víctor González Herrera, la cadena Farmacias Similares ha decidido cruzar el Pacífico con una apuesta que mezcla estrategia comercial y narrativa cultural: llevar la imagen del personaje a Japón y explorar nuevas formas de expansión en el mercado asiático.
El plan no consiste, al menos en una primera etapa, en replicar el modelo tradicional de venta de medicamentos que ha consolidado a la empresa en América Latina. Las regulaciones sanitarias japonesas son estrictas y exigen un camino distinto. La estrategia se enfocará en productos y contenidos vinculados al Dr. Simi como figura icónica, apoyándose en marketing digital y redes sociales para adaptar su estética y mensaje a la sensibilidad nipona.
La empresa matriz, Grupo Por Un País Mejor, cuenta con cerca de diez mil sucursales en América Latina, la gran mayoría en México. Esa presencia masiva ha convertido al personaje en una especie de embajador involuntario de la cultura popular mexicana. La intención ahora es que su imagen funcione como puente cultural, más que como simple herramienta publicitaria, en un país donde el diseño, la ternura simbólica y las mascotas corporativas tienen un lugar privilegiado.
La relación de González Herrera con Japón no es improvisada. Desde que asumió la dirección en 2022, ha incorporado referencias a la cultura samurái dentro de la filosofía corporativa, llamando a sus colaboradores “guerreros simisamuráis” y promoviendo esquemas de reconocimiento inspirados en valores como disciplina, honor y lealtad. En su libro El CEO detrás del Dr. Simi, expone su aspiración de impulsar un modelo de capitalismo consciente que combine rentabilidad con impacto social.
Más allá del marketing, el discurso del directivo apunta a un horizonte ambicioso. Ha señalado que su objetivo es consolidar al conglomerado como una empresa con vocación humanista, incluso con la aspiración simbólica de alcanzar un reconocimiento internacional equiparable al que recibió en su momento el Banco Grameen con el Premio Nobel de la Paz. La comparación revela no solo ambición empresarial, sino también una narrativa que busca situar al Dr. Simi como emblema de empatía y servicio.
La expansión hacia Japón no está exenta de desafíos culturales y regulatorios. Sin embargo, la historia económica demuestra que las marcas que logran traducir su identidad sin diluirla son las que perduran. Si el Dr. Simi consigue dialogar con el imaginario japonés sin perder su esencia mexicana, estaremos ante un curioso episodio de globalización inversa: un personaje nacido en consultorios populares que encuentra eco bajo el sol naciente.








