El Tren Maya cruza el Atlántico: cuando el viaje empieza antes del destino

Hay proyectos que no solo conectan territorios, sino imaginarios. El Tren Maya, concebido para recorrer el sureste mexicano, acaba de extender su trazo simbólico hasta Europa mediante una alianza estratégica con la empresa Flix, que permitirá la comercialización de boletos en ese continente y abre una nueva etapa en la forma en que México se presenta ante el turismo internacional.

El acuerdo busca algo más que facilitar una compra digital. Al integrar al Tren Maya en las plataformas de venta de Flix, el sistema ferroviario mexicano entra de lleno a los circuitos globales de viaje, esos donde el trayecto importa tanto como el destino. La apuesta es clara: que el visitante europeo pueda imaginar su ruta por el sureste desde el primer clic, como quien planea una travesía cultural y no solo un traslado.

En el fondo, la estrategia habla de una visión distinta del turismo. El Tren Maya se ofrece como un medio que articula movilidad, historia y paisaje, una experiencia donde el desplazamiento se convierte en relato. Autoridades del sector han subrayado que esta alianza refuerza la promoción del proyecto como una puerta de entrada a la riqueza cultural, natural y social de la región.

Desde el inicio de sus operaciones, el Tren Maya ha registrado un aumento sostenido en el número de pasajeros y ha comenzado a integrarse en la vida cotidiana y turística del sureste. Sus distintos tramos han permitido redescubrir ciudades, zonas arqueológicas y comunidades que durante décadas permanecieron al margen de los grandes flujos turísticos.

La proyección internacional que ofrece este acuerdo también tiene un impacto local. Al atraer visitantes desde Europa, se busca detonar economías regionales, fortalecer servicios turísticos y generar nuevas oportunidades para las comunidades cercanas a la ruta ferroviaria, donde el turismo puede convertirse en motor de desarrollo si se articula con responsabilidad.

Así, el Tren Maya no solo avanza sobre rieles, sino sobre una narrativa que cruza fronteras. En esta alianza, México no vende únicamente boletos, sino una forma de viajar el territorio, de entender el tiempo y de mirar el sureste como un espacio vivo que dialoga con el mundo.

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