El reloj centenario que ordena la memoria universitaria

Hay objetos que no solo miden el tiempo, sino que lo custodian. La Universidad Autónoma de San Luis Potosí conmemora el centenario del reloj del Edificio Central, una presencia silenciosa y constante que, desde lo alto, ha marcado durante cien años el ritmo de la vida universitaria. Su historia se entrelaza con la de la propia institución, acompañando más de un siglo de autonomía y de formación intelectual en la ciudad.

La celebración fue encabezada por el rector Alejandro Javier Zermeño Guerra, quien inauguró la exposición El reloj y su reina. 100 años del reloj del Edificio Central UASLP. La muestra reúne esfuerzos del Centro de Documentación Histórica “Lic. Rafael Montejano y Aguiñaga”, la Hemeroteca, el Archivo Histórico del Estado y la Dirección de Deportes de la Universidad, que aportó en préstamo la copa de Pachita I, la reina estudiantil que en 1926 inauguró oficialmente el funcionamiento del reloj.

La exposición presenta una cuidadosa selección de fotografías históricas que retratan la vida cotidiana de la época y la dinámica universitaria alrededor del Edificio Central. Acompañadas de textos explicativos, las imágenes revelan el valor simbólico del reloj como emblema de identidad y memoria colectiva, un artefacto mecánico que ha sido testigo de generaciones enteras formándose bajo su sombra.

Durante su mensaje, el rector subrayó que rendir homenaje a un reloj no es un gesto menor. Se trata, dijo, de un dispositivo admirable que ha resistido el paso del tiempo en uno de los inmuebles más bellos e históricos de San Luis Potosí. Sus campanadas marcaron el inicio y el final de clases, acompañaron la vida estudiantil desde los primeros niveles educativos hasta las primeras carreras universitarias y fueron parte de celebraciones que hoy forman parte del imaginario universitario.

Entre esos recuerdos destaca la figura de Pachita I, esposa del doctor Ignacio Morones Prieto, personaje central en la historia académica y política del país. Así, el reloj no solo señala horas: guarda historias, afectos y trayectorias que explican por qué la UASLP no es solo un espacio de estudio, sino un patrimonio vivo. La conmemoración reafirma el compromiso universitario con la conservación de su memoria, recordándonos que el tiempo también se hereda.

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