Ciencia y memoria verde en la Huasteca potosina

En la Huasteca potosina, donde la selva conversa con la historia y la biodiversidad guarda siglos de sabiduría silenciosa, investigadores de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí han decidido escuchar con atención. Desde la Facultad de Estudios Profesionales Zona Huasteca, en Ciudad Valles, académicos impulsan desde hace más de una década un trabajo sostenido de conservación y uso responsable de los recursos naturales, con especial énfasis en especies vegetales amenazadas, como las orquídeas.

El doctor Luis Jesús Castillo Pérez, integrante del Laboratorio de Investigación en Ciencias Sociales, explica que este esfuerzo colectivo se ha desplegado en distintos municipios de la región, desde la Ciénega de Cabezas en Tamasopo hasta Xilitla, Aquismón, Axtla de Terrazas, Matlapa y Tamazunchale. La tarea no es menor: identificar especies en riesgo, rescatarlas y trasladarlas al laboratorio para desarrollar protocolos de micropropagación que permitan su preservación y eventual regreso al entorno natural.

El trabajo científico ha dado frutos visibles. El equipo ha logrado la propagación de más de una decena de especies de orquídeas, además de investigar plantas fitoacumuladoras como Typha latifolia. Con un laboratorio de cultivo de tejidos y un cuarto especializado para el crecimiento controlado, la investigación combina rigor técnico con una mirada profundamente comprometida con el territorio que habita y estudia.

Las orquídeas ocupan un lugar central en este relato. Son el segundo grupo de plantas más diverso del planeta y, paradójicamente, uno de los más amenazados en México. Más allá de su valor ornamental, los investigadores han documentado su potencial medicinal, revelando un conocimiento que durante siglos ha circulado de forma discreta en comunidades originarias. Un estudio reciente permitió identificar decenas de especies utilizadas con fines curativos, algunas con propiedades bactericidas que apenas comienzan a ser exploradas por la ciencia.

Este trabajo no se concibe sin la colaboración comunitaria. La investigación etnobotánica, desarrollada junto a integrantes del programa Sembrando Vida y con aportes de pueblos tének y náhuatl, recupera saberes que conectan ciencia, cultura y territorio. Así, la conservación deja de ser un acto técnico aislado y se transforma en un ejercicio de memoria viva, donde proteger una planta es también preservar la historia y el futuro de la Huasteca potosina.

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