La Universidad Autónoma de San Luis Potosí se colocó en el séptimo lugar nacional dentro del Ranking GreenMetric, una medición internacional que desde hace más de una década observa cómo las universidades del mundo enfrentan su responsabilidad ambiental. El dato no es menor: en un escenario global marcado por la crisis climática, aparecer entre las instituciones mejor evaluadas habla de una ruta trazada, aunque aún inacabada.
El reconocimiento, explicó la doctora Mariana Buendía Oliva, responsable del Área de Educación y Comunicación Ambiental de la Agenda Ambiental universitaria, no debe entenderse como una meta alcanzada, sino como un espejo crítico. El ranking permite identificar qué prácticas funcionan y cuáles requieren replantearse, recordando que la sustentabilidad no es un estado fijo, sino un proceso que se revisa y se corrige de forma constante.
Desde esta mirada, la universidad reconoce que aún faltan recursos y voluntades para impulsar transformaciones estructurales de mayor alcance. La sustentabilidad, como ocurre con la educación misma, no puede sostenerse solo en buenas intenciones. Requiere inversión, planeación y una visión colectiva que trascienda los discursos y se traduzca en políticas universitarias duraderas.
En ese camino, la participación en el Consorcio Mexicano de Instituciones de Educación Superior para la Sustentabilidad ha sido clave. A veinticinco años de su creación, este espacio de colaboración reúne a universidades públicas y privadas para repensar los fundamentos conceptuales de la sustentabilidad y, al mismo tiempo, compartir experiencias prácticas que fortalezcan el trabajo conjunto.
La UASLP, integrante fundadora del consorcio, mantiene una apuesta clara: combinar la gestión responsable de residuos, agua y energía con la educación y la investigación ambiental. Porque, al final, una universidad no solo se mide por sus edificios verdes o sus paneles solares, sino por su capacidad de formar conciencia crítica y producir conocimiento que dialogue con el futuro.









