La universidad suele presentarse como un territorio de libertad recién estrenada, pero también como un espacio donde el tiempo se desordena y los hábitos se vuelven frágiles. En ese cruce entre independencia y descuido cotidiano se sitúa el estudio desarrollado por Viridiana Castañeda Martínez, egresada de la Licenciatura en Ciencias Ambientales y Salud de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, quien decidió mirar la obesidad no solo como un problema de calorías, sino como un fenómeno profundamente ligado al ambiente que habitamos.
Su investigación partió de una experiencia compartida por miles de estudiantes: horarios erráticos, comidas improvisadas y una progresiva desconexión de prácticas básicas de autocuidado. Lejos de quedarse en la anécdota, la autora convirtió esa intuición en una tesis que explora los hábitos de consumo y el nivel de conocimiento sobre el llamado “ambiente obesogénico” en jóvenes universitarios del área de la salud, un concepto que revela cómo el entorno puede empujar silenciosamente al aumento de peso.
El estudio se apoyó en un cuestionario diseñado para indagar prácticas concretas, desde el consumo de comida ultraprocesada hasta el tipo de agua utilizada para preparar alimentos y transportarla. A la par, evaluó qué tanto saben los estudiantes sobre la obesidad en México y sobre ciertos contaminantes que influyen en el metabolismo, revelando una brecha entre la formación académica y la conciencia cotidiana sobre estos riesgos invisibles.
Entre los hallazgos más relevantes aparece la exposición a contaminantes obesogénicos como el arsénico y los microplásticos, sustancias capaces de alterar el sistema endocrino y asociadas con enfermedades metabólicas. Mientras el arsénico ha sido regulado principalmente en el agua, los microplásticos siguen presentes en envases, botellas y utensilios desechables que forman parte del consumo diario, muchas veces sin cuestionamiento alguno.
Más que señalar culpables, el trabajo propone un cambio de mirada. Preparar alimentos en casa, reducir el uso de plásticos, optar por termos reutilizables y reorganizar los tiempos de comida aparecen como actos simples, pero profundamente políticos en un país con altas cifras de obesidad. La tesis de Viridiana Castañeda no solo documenta un problema, sino que invita a pensar el cuerpo como un territorio atravesado por decisiones individuales y condiciones ambientales, recordándonos que la salud también se construye en lo cotidiano.









